Y si la pereza hace que pierda la cabeza, pues por más que me esfuerzo no logro vencerla. Después, cuando veo todo el tiempo que asesiné al no darle una vida útil me desplomo en la locura, se me cierran las costuras, las paredes me aprisionan y el aire ya no entra en mis pulmones.
No hay razones que me inciten a regalar mis tesoros, mis minutos amasados que tienen caducidad; ya no hay forma de hacerlos regresar. ¿Cuánto tiempo perdí planificando? ¿Cuánto tiempo perderé atormentándome por cada segundo derrochado?
Y no es peor que el miedo que tengo a no estar sola, porque en mi soledad hayo la dulce amargura de poder llorar por no tenerte.
Esperar nunca se me dio bien. Por ello no permanezco mucho mirando hacia el mismo lugar o en la misma dirección. Por eso, al igual que mi tiempo, también tienes fecha de caducidad. Y aunque quieras venir a mí, pronto habré volado; hazlo antes de que pueda darme cuenta que alcé los pies del suelo. Abórdame desprevenida y proponme una fuga a donde el tiempo no fluya tan deprisa, bésame antes de que te diga que no existe tal lugar y arróllame con tu vitalidad pues sólo así romperás mis cadenas.
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