-¿por qué?
-Mañana te lo digo.
En ese momento solo se me ocurrió una razón para esas palabras, sacudía la cabeza intentando lanzar lejos ese pensamiento, pasé una mala noche.
No me gusta adelantarme a los problemas aun por ser, hasta que no lo tenga enfrente, inevitable, no me gusta preocuparme; a veces anticipas algo que nunca ocurre pero la angustia es real y la has ganado por una actitud estúpida, la merecías.
Ya por la mañana, al día siguiente, con una actitud más fresca y una mente menos acotada me vinieron otras alternativas mucho más lógicas y probables que la única imaginada. Esto me hizo sentir mucho más inútil todavía: por la mala noche, por engreída, por cerrada, por ciega y por precipitada.
Y entonces viene mi duda: ¿hasta que punto debo responsabilizarme por lo que diga alguien más? y luego planificar... ¿qué excusa puedo decir dado que no es una situación relevante para mí y que no quiero meter en mi pesado y abultado saco de problemas aun por resolver?
De nuevo... de nuevo anticipando cuando lo más seguro es que nunca tengamos esa conversación si yo no pregunto...
Así que en este punto me ocupo pensando en el misterio de quien será la ganadora... mi yo curiosa o mi yo auto-protectora.
Y así fue... nadie habló... nadie preguntó... todo quedó en el olvido... ¿realmente ocurrió?
No hay comentarios:
Publicar un comentario