miércoles, 5 de mayo de 2010

Llueve, siempre llueve.

Llueve, siempre llueve. Aunque el sol caliente e ilumine, aunque las gotas sean secas; llueve, siempre llueve.
Días grises se suceden. Eres tú la única de blanco y negro, tú y todo lo que tocas, tú y todo lo que ves con esos ojos vacíos de vida, tú... que acabaste con él.
Nadie te quiere, nadie podrá quererte porque tú no te quieres.
¡Cobarde!
Arrastras tus pasos guiados por la rutina. Odias al mundo porque dices que el mundo te odia, ¡mientes!, el mundo no sabe que existes. La lluvia ahora es más fuerte, empapa tu ánimo y se hace más pesado.
-pum, pum pum- golpeas la pared con tu cabeza-pum, PUM- no brota ni una idea, ni útil ni inútil.

Te levantas, apática, caminas, te sientas...
-pum, pum, pum- ¿por qué repites lo mismo día tras día?

Un rayo de luz se coló en medio de la noche, un rayó que ilumina la estancia y en ella tres escenas: tú y él, ríes... tu y él, abrazados... tú y ¿él?...

Cerrar los ojos, apretar tus manos contra tus oídos solo acrecienta la nitidez de las escenas, ¡estúpida!

No te levantarás, no volverás a ser la de antes... si pudieses entender esto habría salida pero tú solo quieres volver en el tiempo, incapaz de aprender de lo que hiciste, incapaz de levantar la cabeza, incapaz de volver a ser humana... Respiras, alguna que otra vez comes, casi nuca duermes y haces tu trabajo sin ruido, mecánicamente pero invisible, tan invisible que nadie sabe tu nombre.

Él no merecía tenerte, fuiste su veneno... aunque no sabías que podías matarte tu también. Perdiste en tu propio juego y lo perdiste todo.

Es tarde y llueve, esta vez las gotas mojan pero dejaste de tener sensaciones hace años, sigue caminando, sigue respirando... nadie llorará por ti.

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