Por qué me empeño en patearme el culo. Con diablos gritándome en mi cabeza ya tenía bastante. No me gusta el frío, no me gustan las verdades a medias ni las mentiras piadosas.
El mundo se volvió loco y dejó de ser mundo. Todos miramos con recelo a quien está a nuestro lado, ya sea un amigo, un hermano. A veces siento estar rodeada de monos o soy yo el mono.
No encajo en los estereotipos ni me molesto en hacerlo pero parece que todo sería más fácil si me vaciase, si me dejase llevar. No estoy sola en este mundo, sé que hay otros tantos locos que creemos que esto puede y debe cambiar; tal vez sea el momento de coger las riendas que dejamos tiradas esperando que otro guiase nuestra vida. Llegó el momento de caer, tal vez de fracasar, pero al fin y al cabo de aprender.
Ardo en mi propio infierno, yo misma lo labré, todo es consecuencia de mis decisiones con una pizca de influencia por parte del azar.
Amores que creo y destruyo en mi mente con solo pestañear; sueños que son humo, humo que se convierte en lastre y lanzo cadenas huecas que solo aparentan atarme para no enfrentarme a mi fobia a volar, a mandar todo a otra parte y recorrer corriendo parte del camino que no quise pisar, a hacer lo que me gusta.
Tal vez nací triste y no hay más que hacer, nostálgica por naturaleza, siempre sentiré que algo falta, nunca encontraré el refugio del amor perdido.
Demasiado acostumbrada a la soledad, a mi misma, que temo perder este tormento y aprender a vivir... Y entonces, ¿de qué escribiría?
Cuantos bailes hubieron en mi escala de valores y en mi escala de objetivos.
No quiero sueños golosos, no quiero dudas airosas; solo quiero paz y sosiego, calma o... una aventura, que me trastorne todo, hacer una locura, dejar de pensar, sopesar y barajar para sentir, reír y llorar.
Caminaré en pie, agarraré el viento con mis manos, almacenaré el tiempo en frascos y lo llevaré hasta ti, allí donde sé que me esperas para que te cuente todas las locuras que no hice y todo lo que perdí para que me abraces y me enseñes todo lo que gané; el otro lado de la montaña; la vida es vida al fin y al cabo.
Hoy por hoy nadie sabría distinguir la felicidad aunque andase detrás suyo golpeándole con un bate.
Todo está descafeinado o hinchado con aire, todo es apariencia, una máscara que tapa el vacío.
Y a mi debería darme igual, y en eso estoy.
30/01/06
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