domingo, 5 de septiembre de 2010

Olvidar no está permitido.

La suciedad no puede desaparecer por mucho que frotes hasta que mane la sangre de tu cuerpo pero debía superar ese sentimiento para seguir adelante.

Debía ser infiel si quería dejar de vivir vagando en los recuerdos, memorias que habían crecido con ella cuando debían haberse detenido en el tiempo.

Olvidar no era algo que estuviese permitido, las promesas deben cumplirse.

Así que mientras besaba a aquella persona a la que había decidido entregarle su vacío corazón artificial se dejaba llevar por los impulsos biológicos de su cuerpo. Una pasión hueca que podía hacerle perder la noción del tiempo y dividirla en dos; la niña que miraba desde un rincón de la habitación una escena que no lograba comprender y la mujer que luchaba por serlo.

Pero no podía entender cómo se puede vivir de ese modo, con esos dos sentimientos contrapuestos luchando en su pecho y mente, cómo podía reír y llorar al mismo tiempo de forma tan intensa y en silencio, cómo se podía detestar a si misma por avanzar y por no hacerlo.

Solo había un camino, ser infiel...

La suciedad seguiría con ella, aprendería a vestirla y le sacaría brillo.

Nadie más sabe su secreto, nadie más porque ella es infiel consigo.

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