Su estómago se encogió y luchaba fuertemente con la atracción que sentía por rozar su piel. Su manos sin control se acercaba a la de aquel ser y por mucho que mandase la orden de parar a su cerebro éste estaba dispuesto a hacer caso omiso. Agradeció que levantase la mano que ella estaba a excasos centímetros de tocar para protegerse del resol y suspiró en silencio por no ser expuesta.
Otra nueva orden a su cerebro que siguió siendo ignorada. Sus pies no se movieron como ella bien sabía que debían hacerlo, estaba jugando a un juego peligroso y sólo ella era consciente de ello.
Un abrazo y un beso le despertó de su letargo. "¿Es hermosa la puesta de sol? Cariño", "No sin ti" mintió ella.
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